Colección: Primeros mejores amigos

Hay peluches que se olvidan en una estantería. Y luego están los otros. Los que acaban gastados de tanto abrazarlos. Los que viajan en coche, esperan en la puerta del cole, duermen bajo el brazo y aparecen años después en una caja llena de recuerdos.

Cosemos cada Teodora a mano, una a una, nosotras mismas. Ninguna sale exactamente igual porque ninguna historia de infancia lo es tampoco. Cada una encuentra a su peque. Y desde ahí empieza algo difícil de explicar: un vínculo silencioso, cotidiano, enorme.

Con el tiempo dejan de ser un peluche. Se convierten en refugio, compañero, rutina, hogar.

Pequeños objetos con alma, hechos despacio para acompañar una infancia entera.