No recordará el babero

No recordará el babero

Hay algo bastante injusto en comprar cosas para un bebé.

Escoges un babero precioso.

Piensas el color.

La textura.

Si combina con sus cosas.

Se lo pones.

Tres minutos después está cubierto de tomate.

Lo muerde.

Lo arranca.

Lo tira al suelo.

Y dentro de veinte años probablemente nadie recuerde que aquel babero existió.

Pero quizá sí recuerdes la cocina.

La trona junto a la ventana.

Sus pies pequeños moviéndose debajo.

La cuchara cayendo al suelo por sexta vez.

El ruido que hacía cuando quería más.

La primera vez que probó limón.

La cara.

Las carcajadas.

Quizá incluso recuerdes aquella época y te resulte imposible comprender cómo alguien que ahora ocupa una silla entera pudo ser alguna vez tan pequeño.

Los objetos de la infancia tienen una vida extraña.

Llegan a casa.

Se utilizan muchísimo.

Y un día, sin ninguna ceremonia, dejan de hacer falta.

El babero.

El chupete.

La muselina.

La botella pequeña.

Ese juguete que llevabais absolutamente a todas partes.

No sabemos cuál será la última vez que los utilizaremos.

Simplemente ocurre.

Y después desaparecen en un cajón.

Por eso quizá no compramos solamente cosas.

Compramos objetos que estarán presentes mientras nuestra vida está sucediendo.

El babero no será el recuerdo.

Pero estará allí mientras el recuerdo se construye.

Y quizá eso sea suficiente.

Cosas pequeñas, por Macadamia Kids.
Porque la infancia sucede mientras estamos ocupados haciendo otras cosas.

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