No estoy
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Unas cortinas.
Dos pies debajo.
Silencio.
—¿Dónde estará?
Más silencio.
Uno de los pies se mueve.

—Qué raro. Hace un momento estaba aquí.
Una risita detrás de la cortina.
Tú continúas buscando.
Debajo del sofá.
Detrás de una silla.
Debajo de la cama.

Incluso dentro de un cajón manifiestamente demasiado pequeño.
Nada.
Ha desaparecido.
Por completo.
Salvo por los pies.
Y el trozo de jersey.
Y posiblemente media cabeza.

Pero hay una regla bastante importante cuando juegas al escondite con un niño pequeño:
si él no te ve, tú tampoco puedes verlo.
No está.
No insistas.
