Guárdame esto

Guárdame esto

Te da algo.

—Guárdamelo.

Miras tu mano.

Una piedra.

Perfecto.

La metes en el bolsillo.

Cinco minutos después:

—Guárdame esto.

Una hoja.

Al bolsillo.

Después llega una pieza diminuta de plástico.

Una flor.

Otra piedra.

Y al final del paseo tu bolso contiene una colección que podría confundirse fácilmente con el contenido de una aspiradora.

Pero para él existe una diferencia importante.

No te ha dado esas cosas porque ya no las quiera.

Te las ha dado porque confía en que tú puedes guardarlas.

Eres la caja fuerte.

El archivo.

El bolsillo grande.

La persona responsable de que aquella piedra concreta llegue a casa.

Y quizá hay algo precioso en que durante unos años alguien confíe en ti de una manera tan absoluta.

Puede entregarte lo que más le importa sin comprobar siquiera dónde lo pones.

Sabe que estará allí.

—Guárdame esto.

Claro.

Dámelo.

Aunque quizá necesitemos un bolso más grande.

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