La frutería abre cuando nadie ha pedido permiso

La frutería abre cuando nadie ha pedido permiso

A las 17:12 apareció una pera debajo del sofá.
A las 17:14, alguien decidió que el tomate necesitaba una manta.
A las 17:18, la cocina del salón ya tenía lista de espera.

Las frutas y verduras de lino no vienen con normas, ni con instrucciones para hacer una ensalada perfecta. Sirven para montar un mercado, preparar una cena imposible, alimentar a Teodora o llevar tres limones en el bolsillo “por si acaso”.

Son blanditas, bonitas y lo bastante resistentes para pasar de la cesta a la cama, de la cama al parque y del parque a una bolsa llena de migas.

Porque jugar a cocinar no siempre va de cocinar. A veces va de decidir que una zanahoria es un micrófono y que hoy la cena se sirve en el suelo.

 

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