El otoño no tiene por qué ser beige

El otoño no tiene por qué ser beige

Hay una idea bastante instalada de que, en cuanto llega octubre, todo tiene que volverse crema, arena, gris piedra y marrón suave.

Nosotras no estamos de acuerdo.

El otoño también puede ser rojo tomate, azul eléctrico, amarillo mantequilla y rosa fucsia. Puede tener pana, cuadros, calcetines de rayas y una chaqueta demasiado grande. Puede ser una tarde que termina con salsa de tomate en el babero y hojas dentro de la bolsa.

No se trata de vestir a los niños como si fueran un moodboard. Se trata de dejar espacio para que tengan color, juego y un poco de exceso.

Porque ya crecerán. Ya tendrán tiempo de combinarlo todo, de no mancharse y de elegir tonos discretos.

De momento, que salgan con el gorro que les hace sentirse importantes. Que lleven un bolso casi vacío. Que insistan en meter dentro su peluche, tres piedras y un trozo de pan.

El otoño no necesita apagarse para ponerse bonito.

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