Otra vez

Otra vez

Terminas el cuento.

—Otra vez.

Pones la canción.

Cuando acaba:

—Otra vez.

Le haces volar por el aire.

Se ríe.

Lo bajas.

—Otra vez.

Y después de la decimocuarta vez empiezas a preguntarte cómo una persona tan pequeña puede tener semejante resistencia a la repetición.

Nosotros buscamos constantemente algo nuevo.

Otra serie.

Otro restaurante.

Otra canción.

Otro lugar.

Ellos pueden escuchar el mismo cuento cincuenta noches seguidas y seguir esperando exactamente el mismo momento.

Y quizá tenga sentido.

Porque cuando eres pequeño casi todo es nuevo.

El mundo entero está sucediendo por primera vez.

Los lugares.

Las palabras.

Los sabores.

Las personas.

Las emociones.

Incluso tu propio cuerpo.

Repetir es una manera de hacer que todo eso resulte un poco más previsible.

Sé qué viene ahora.

Sé que después de esta página aparece el oso.

Sé cuándo vas a hacer esa voz ridícula.

Sé cómo termina.

Y saber lo que viene después da seguridad.

Pero además ocurre algo maravilloso.

Cada repetición nunca es exactamente igual.

Hoy descubre algo en el dibujo que ayer no había visto.

Mañana anticipará una palabra.

Pasado mañana será él quien termine la frase.

Está repitiendo el mismo cuento.

Pero él ya no es exactamente el mismo niño que lo escuchó ayer.

Quizá por eso quiere otra vez.

Y otra.

Y otra.

Hasta que una noche escogerá otro libro.

Y sin saberlo habréis leído aquel cuento por última vez.

Así que:

—¿Otra vez?

Vale.

Otra vez.

Cosas pequeñas, por Macadamia Kids.
Porque la infancia sucede mientras estamos ocupados haciendo otras cosas.

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